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Visita Pastoral a la Parroquia “Ntra. Sra. de Lourdes”, de Verónica (Punta Indio)

10 al 16 de mayo de 2003

 

 

EL SÁBADO 10 DE MAYO del año del Señor 2003 inicié la Visita Pastoral a la Parroquia “Nuestra Señora de Lourdes”, con sede en la ciudad de Verónica y jurisdicción que se extiende a las poblaciones de Álvarez Jonte, Punta Indio, Pipinas y zonas aledañas. No existen en los archivos parroquiales y arquidiocesanos testimonios de Visitas canónicas anteriores, aunque mis predecesores, los obispos y arzobispos de La Plata, recorrieron muchas veces estos lugares y se hicieron presentes en la sede parroquial en diversas circunstancias. Con el acta que ahora redacto se abre el libro correspondiente, en el que se registrarán en lo sucesivo estos fastos característicos del ministerio episcopal.

 

Anticipé la inauguración solemne de la Visita celebrando la Santa Misa en las capillas “Santa Rita”, de Punta Indio, e “Inmaculada Concepción”, de Pipinas, según los horarios señalados habitualmente para los sábados por la tarde. En Punta Indio, antes de la celebración eucarística, me reuní durante largo rato con algunos fieles entre los que se encontraban el Delegado Municipal, la directora de la Escuela del lugar y el director de la Unidad Sanitaria. Durante la conversación surgieron datos acerca de las dificultades y problemas que sufre la población, sobre todo los ocasionados por la falta de un servicio adecuado de transporte. Por mi parte, debí explicar, con pena, que los proyectos anunciados y que suscitaron tanta esperanza en la comunidad civil de Punta Indio –especialmente la creación de un Centro de Formación Rural y de una Casa de Retiro– no podrán realizarse, porque la promesa de donación al Arzobispado de La Plata de la chacra o estancia “Santa Rita” por parte del Arzobispado de Buenos Aires ha sido revocada, cuando sólo faltaba firmar la escritura de traslación de dominio. A las 17 horas celebré el Santo Sacrificio con la capilla colmada: siendo el Cuarto Domingo de Pascua, en la homilía presenté la figura de Cristo resucitado como Buen Pastor, y exhorté a los fieles a rezar fervorosa y asiduamente pidiendo al Señor abundantes vocaciones sacerdotales para nuestra Arquidiócesis.

 

Me trasladé luego a Pipinas, donde me esperaba una gran cantidad de fieles, y numerosos niños de la catequesis, que me recibieron con cariño y muestras de alegría. También allí celebré la Eucaristía y, al comentar el Evangelio, me extendí sobre el ministerio de la vocación al sacerdocio y la necesidad de preparar el terreno, en la familia y en la comunidad cristiana, para que el Señor otorgue la gracia de su llamada a numerosos jóvenes católicos. Al concluir la celebración me entretuve saludando a todos los presentes.

 

El domingo 11 por la tarde me dirigí a Álvarez Jonte. En el Club Social y Deportivo me reuní con unos veinte vecinos arraigados desde hace muchos años en la localidad. Ellos me informaron ampliamente sobre los problemas crecientes de este pueblo tranquilo y pintoresco, que conoció tiempos de prosperidad y que comenzó a decaer con la supresión del ferrocarril. Me complace vivamente saber que los pocos niños que habitan en la zona reciben, en las tres escuelas cercanas (de gestión estatal), no sólo la educación general básica, sino también la catequesis necesaria para acceder a la Confirmación y a la Primera Comunión. En la capilla de Jonte, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, celebré luego la Santa Misa; en la homilía les hablé de nuestro Buen Pastor resucitado y de las dimensiones principales de la vida eclesial: el servicio de la Palabra de Dios, el culto sacramental que es fuente de la gracia, la caridad fraterna y la atención debida a los pobres. Asistieron también a la Misa varias familias que son propietarias de campos en las cercanías.

 

Concluida la visita al pueblo de Álvarez Jonte viajé a Verónica. En la sede parroquial tuvo lugar la apertura oficial –por decirlo así– de la Visita Pastoral a la parroquia más austral de la Arquidiócesis. El comentario al Evangelio del Cuarto Domingo de Pascua me permitió presentar a los fieles que llenaban el templo el sentido de mi presencia entre ellos durante esa semana. Los exhorté a crecer en número y en santidad para que la comunidad cristiana pueda empeñarse seriamente en la misión de reconquistar para Cristo a los alejados y de promover los valores del Evangelio en la sociedad argentina. También aquí me detuve largamente al terminar la divina liturgia para saludar en el atrio a los asistentes.

 

Dediqué la mañana del lunes 12 a recorrer el pueblo de Punta Indio y sus alrededores; los atractivos paisajes y la cercanía del río ofrecen amplias posibilidades para el desarrollo del turismo, aunque todavía no se ha hecho mucho por fomentarlo. Visité la Delegación Municipal, el Centro de Salud, el destacamento policial y la Escuela Nº 8. Muchos de los alumnos de este establecimiento reciben la formación catequística en la Capilla Santa Rita. En todos estos sitios fui cordialmente recibido; en las conversaciones mantenidas pude comprobar la preocupación y el esfuerzo de los responsables para servir a la comunidad a pesar de los límites que impone la insuficiencia de los recursos disponibles.

 

Por la tarde, en la sede parroquial de Verónica atendí a varias personas que me expusieron sus necesidades. Me reuní luego con las señoras de la Acción Católica. Son actualmente dieciséis; algunas de ellas se desempeñan como catequistas y misioneras, y como extensión el Centro creó un grupo para personas de la tercera edad, con encuentros mensuales, Se planteó el problema de reclutamiento de nuevas socias y la escasa respuesta obtenida últimamente por las invitaciones formuladas. Sugerí insistir con paciencia y dirigir el llamado a mujeres jóvenes, integrantes de la comunidad parroquial, que no han adquirido  todavía un compromiso apostólico. Se presentaron también los miembros de los dospraesidia de la Legión de María: “Medalla Milagrosa” y “Reina de la Paz”. Realizan una valiosa tarea visitando los hogares: más de mil les han abierto sus puertas el pasado año; se preocupan especialmente por vincular a las familias con la parroquia. Recibí luego a las socias del Apostolado de la Oración, o, mejor dicho, al grupo dirigente, ya que actualmente son en total ciento ocho. Las exhorté a perseverar en esa actitud de oración y ofrenda que constituye el fundamento de la acción apostólica. Un largo rato me ocupó el encuentro con las catequistas. En el presente año se preparan para completar su Iniciación cristiana ochenta y ocho niños que integran cinco grupos en la sede parroquial; existen, además, varios centros catequísticos en el ámbito urbano y en la zona rural. Mensualmente el párroco se reúne con todas las catequistas para supervisar y orientar la marcha de las tareas. Manifesté a estas abnegadas señoras mi agradecimiento por haber asumido el compromiso y la noble misión de colaborar con la educación de los niños en la fe. Les expliqué nuevamente y con detalle el nuevo ordenamiento catequístico adoptado en la Arquidiócesis, que ya había expuesto durante la pre-visita realizada el 30 de enero. Insistí en la importancia de la integración de los catequizandos en la vida parroquial a través de un centro de Aspirantes de Acción Católica, el Movimiento Scout, un grupo de acólitos u otras iniciativas que se pueden concretar. Les recomendé no descuidar su formación permanente.

 

Al día siguiente fui muy temprano a Punta Indio para visitar la Base Aeronaval; allí permanecerá durante toda la mañana. Me recibieron los jefes de este importante asentamiento de la Armada Argentina, y con ellos recorrí las instalaciones. Como es sabido, la presencia de esta Base ha tenido una proyección beneficiosa para la población local y se ha verificado desde su creación una integración plena con la ciudad de Verónica. La disminución de la actividad militar, que puede advertirse en los talleres y depósitos, se ha hecho sentir en toda la zona menoscabando el ritmo de desarrollo y perjudicando seriamente el nivel de empleo. En un tramo de mi recorrido me detuve para saludar a los participantes de un curso de instrucción, a quienes dirigí una breve exhortación. Pude conocer también el magnífico hospital, organizado merced a un convenio con la Municipalidad del Partido, que sirve a la población de toda esta región. El almuerzo con la plana mayor de la Base se prolongó en una amable sobremesa; pudimos conversar ampliamente sobre diversos temas de actualidad.

 

El miércoles 14 por la tarde me detuve largamente en Pipinas. Visité la Escuela Nº 4 y el Jardín de Infantes 902. En un atento recorrido pude apreciar lo que podría llamarse el pasado esplendor de esta localidad: el hotel y el club Corcemar y el barrio que era habitado por el personal de la fábrica de ese nombre, adquirida luego por la empresa Loma Negra y hoy desactivada. Pipinas, aunque conserva mayores reservas, corre en la actualidad la misma suerte que otros pueblos de la región platense que eran, décadas atrás, dinámicos polos de desarrollo. Este menoscabo es sufrido con paciencia, pero se advierten sus efectos en el ánimo de la población. En la Delegación Municipal me reuní con las fuerzas vivas del lugar. Estaban, entre otros vecinos, el jefe policial, el presidente de la Cooperativa Eléctrica, la Directora de la Unidad Sanitaria y el presidente de la Sociedad de Fomento. En la actualidad, quince instituciones canalizan las inquietudes y la participación de los habitantes y se esfuerzan en brindar diversos servicios a la comunidad. La comisión de laicos que cuida de la Capilla “Inmaculada Concepción” realiza una meritoria labor y constituye, con la comunidad cristiana que allí celebra los sacramentos y continúa a través de la catequesis su maduración en la fe, un foco de animación espiritual para toda la población. Durante la conversación que mantuve con los presentes en la Delegación Municipal los invité a descubrir incesantemente las cosas buenas que se conservan, renuevan y florecen en la ciudad, para no perder la esperanza ante las dificultades que es menester afrontar. Se habló, además, sobre la posibilidad de implementar también aquí el programa “Manos Unidas” de microcréditos a mujeres indigentes, que está logrando frutos notables en otros sectores de la Arquidiócesis. Antes de encaminarme a la capilla, visité brevemente la Unidad Sanitaria y bendije cordialmente a su directora y la obra allí realizada.

 

Muchos fieles se habían reunido ya en el templo. Los invité a recitar el Santo Rosario y presidí su rezo. En seguida celebré la Misa, en la fiesta del apóstol San Matías. En la homilía les hablé sobre la elección de este discípulo cuyo nombre significa “don de Dios”, y de la nuestra, con la que el Señor nos ha favorecido, gratuita y providencialmente. Al terminar la celebración eucarística nos despedimos en el atrio con afecto y emoción.

 

La jornada del viernes 16 de mayo transcurrió, toda ella, en Verónica. Visité la Escuela Nº 6 “Martín Tornquist”, que es la más antigua de la ciudad (funciona desde 1928), y la Nº 12 que lleva el nombre de Juana Azurduy. Me detuve también un rato en la Escuela de Educación Especial Nº 501; su director, Eduardo L. Acuña, que no pudo estar presente por razones de salud, dejó por escrito un saludo de bienvenida pidiendo mi bendición. Recorrí luego varios barrios y pude observar la Cruz gloriosa, erigida por mi iniciativa en uno de los accesos a la ciudad gracias a la donación realizada por los “Obreros de la Cruz”. En estos días quedarán concluidas las obras ornamentales que la realzan. Estaba prevista para una hora cercana al mediodía mi visita a la Casa del Niño; allí me dirigí. En sus instalaciones pasan gran parte del día niños de las familias más necesitadas; se les brinda comida, esparcimiento y asistencia escolar complementaria. Me recibió su director, don Alfredo Cerletti, y se presentó también la Directora de Acción Social de la Municipalidad. Compartí el almuerzo con todos. En la sede municipal visité al intendente del Partido de Punta Indio, Doctor Luis Colabianchi, quien estaba acompañado por el Secretario General y los secretarios de Obras Públicas y de Planificación Laboral. La conversación discurrió animadamente sobre los problemas de la región y del país, y sobre el valor y la vigencia de las enseñanzas sociales de la Iglesia para iluminar esos problemas y sugerir vías de solución. De acuerdo a lo programado, me acerqué a la casa de los Círculos Católicos de Obreros, la benemérita institución fundada por el Padre Federico Grote, presente en Verónica desde hace mucho tiempo. Aquí funcionan un Centro Comunitario Asistencial atendido por varios médicos, un comedor popular, el Jardín Maternal “Arroz con leche” y un grupo de adolescentes y jóvenes que integran las “Vanguardias”, rama juvenil de los Círculos. Me entretuve un rato conversando con los responsables de los diversos sectores. No podía abandonar Verónica sin visitar la fábrica de velas Seven S.R.L., del Señor Luis Comelli, que realiza una obra de gran mérito al mantener activa esta fuente de trabajo donde se aplican los principios de la doctrina social de la Iglesia. Que el Señor haga prosperar con su bendición esta empresa para bien de todos sus integrantes y de las familias de la zona. La visita al Instituto “San Isidro Labrador”, atendido por los Terciarios Capuchinos (Amigonianos), fue más bien breve, ya que había estado allí en otras oportunidades. Conversé con el Padre Director sobre la situación y las dificultades de esta obra, empeñada en reencauzar a jóvenes con problemas familiares y de conducta. En la sede parroquial me reuní con la Comisión de Damas Vicentinas, que atienden a unas ciento cincuenta familias; las exhorté a visitar a esas familias, dentro de lo posible, en sus casas, de acuerdo a lo que señala el espíritu vicentino, que inspira una discreta presencia evangélica. Cáritas Parroquial ha sido recientemente creada; cuenta con diez voluntarias y asiste a unas noventa personas, sin contar a las que se acercan incierta o casualmente. Corresponde que las dos instituciones mencionadas trabajen en coordinación y armonía, bajo la autoridad del párroco, para que su actividad sea eficaz y constituye un testimonio de comunión eclesial. Con la Santa Misa, que celebré a las 19, di por concluida la Visita Pastoral a esta parroquia. El Evangelio del día contenía la solemne declaración del Señor: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6). Invité a los fieles a profundizar el sentido de estos títulos divinos y les recordé la exhortación del Santo Padre Juan Pablo II, dirigida a toda la Iglesia, a contemplar incesantemente el rostro de Cristo. Los animé, además, a adentrarse en un camino de formación permanente y a volcar la riqueza adquirida en un fervoroso empeño misionero.

 

En los recorridos cumplidos durante estos días me acompañó continuamente el párroco de Nuestra Señora de Lourdes, Presbítero Oscar Hilario Astorga. Agradezco a este querido sacerdote su dedicación al ministerio y lo felicito por la acción apostólica que ha venido desarrollando desde hace muchos años en la zona, no sólo como pastor de esta feligresía, sino también en su condición de capellán del Regimiento 8 –cargo del que fue desposeído injusta y arbitrariamente– y en la actualidad como asistente espiritual en el Servicio Penitenciario Bonaerense. Que la cercanía fraterna del Arzobispo lo anime a continuar con renovado entusiasmo la tarea evangelizadora, en comunión con sus colegas los presbíteros del Decanato Sur. A la diligencia del Padre Astorga encomiendo la ejecución de las siguientes disposiciones:

 

1. Confeccionar cuanto antes, por duplicado, el inventario total del templo y de la casa parroquial, lo mismo que su propio testamento.

 

2. Iniciar el Libro de Fábrica en el que se registren las entradas y salidas, para una más clara y eficaz administración de los recursos parroquiales.

 

3. A pesar de la pobreza que afecta a las poblaciones de la jurisdicción, esclarecer la conciencia de los fieles y animarlos a cumplir el mandamiento de ayudar, según la capacidad de cada uno, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2043). Para la promoción de las obras parroquiales y para ser asistido en la gestión administrativa, constituya el Consejo Parroquial de Asuntos Económicos, integrado por laicos competentes y de reconocida honestidad.

 

4. Para facilitar la comunicación con la parroquia, instalar una línea telefónica.

 

5. En el plazo de dos años ampliar la casa sacerdotal para dar acogida a otro presbítero que colabore, como vicario, con el párroco. Presentar los planos para su aprobación a la Secretaría General del Arzobispado.

 

6. Programar sistemáticamente la formación de los niños y jóvenes, tanto los que se integran en el grupo “Amigos de la Parroquia” como los que pertenecen a los Movimientos de Scouts y Guías.

 

7. La Iniciación cristiana de los niños, o mejor dicho su complemento mediante los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía, ha de organizarse de acuerdo a las nuevas directivas arquidiocesanas, informando con claridad y paciencia a las familias sobre el sentido y el valor de estas disposiciones y superando con serenidad y caridad pastoral las eventuales resistencias. Para procurar la perseverancia de los niños en la práctica de la vida sacramental después de la Primera Comunión, ofrecerles posibilidades varias de integración en la comunidad parroquial y de participación en actividades formativas, culturales y de recreación.

 

8. Considerar detenidamente la posibilidad de instalar una o más capillas para las celebraciones litúrgicas y las reuniones catequísticas en barrios alejados de la sede parroquial, de acuerdo a las necesidades que puedan preverse para un futuro próximo. Alentar, en los lugares donde fueren menester nuevas presencias eclesiales estables, la formación de pequeñas comunidades de oración, de estudio de la Palabra de Dios y de servicios fraternos.

 

En el archivo del Arzobispado se conservará el informe completado por Monseñor Rodolfo J. O’Neill, Vicario General de la Arquidiócesis, sobre el estado del templo, la casa sacerdotal y las demás realidades parroquiales que deben examinarse durante la Visita Pastoral.

 

Guardaré siempre con afecto en la memoria y en el corazón el recuerdo de los días transcurridos en Verónica, Pipinas, Punta Indio y Álvarez Jonte. Renuevo mi gratitud al Presbítero Oscar Astorga y a los laicos que colaboran más estrechamente con él; encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María, la Inmaculada de Lourdes, los frutos que espero de esta primera Visita Pastoral, y bendigo a todos los fieles de esta extensa jurisdicción parroquial en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Verónica, 16 de mayo de 2003.

 

 

+ HÉCTOR AGUER

Arzobispo de La Plata